
Admirado como uno de los artistas españoles más talentosos y reconocidos por el gran público desde hace más de 20 años, sería casi un delito desconocer su nombre: Miguel Ángel Rodríguez ‘El Sevilla’. Empezó a hacerse popular en 1996 como cantante y letrista de Mojinos Escozíos tras el lanzamiento del primer disco. Desde entonces han sacado 16 álbumes, vendiendo más de 1 millón de copias y superando los 1.300 conciertos. Su rock costumbrista, ingenioso y poético entusiasma por toda España, pero ‘El Sevilla’ no triunfa únicamente en esta aplaudida faceta musical.
Es un rostro habitual y muy querido en la televisión del siglo XXI (actualmente en ‘Arusitys – La Sexta’ desde 2018). Su voz también destaca en las ondas radiofónicas desde sus primeras y espectaculares intervenciones en ‘La Jungla – Cadena 100’ (1996-2005) hasta la reciente etapa al frente de ‘Los Cuentos del Lobo – Radio 4G’ (2014-2018). Ha vendido más de 300.000 ejemplares con los cuatro libros que ha publicado y desde 2015 está profundizando con brillantes resultados en su extraordinaria habilidad cómica. Primero hizo ‘Reflexiones del hombre lengua’, después ‘Frótamela, la historia de un genio’ y ahora presenta su nuevo monólogo ‘La vida es rocanrol’ en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid todos los sábados a las 23:00 horas (entradas desde 16 horas) hasta el próximo 30 de marzo.
El escenario del Pequeño Teatro Gran Vía se convierte en el camerino de los Mojinos y ‘El Sevilla’ hace acto de presencia tras un concierto de la banda para mostrar su cara más tierna e íntima con esa naturalidad tan suya que cautiva al más escéptico. Se desnuda física y sentimentalmente para desmitificar los tópicos cotidianos del ‘rock and roll’ antes de confesar verdaderas actitudes rockeras del día a día como levantarse a las 7 de la mañana. Bromea con cariño sobre su identidad y la de su familia, con especial protagonismo para la madre, la mujer y los hijos del ‘showman’ hispalense. Las caras de los espectadores reflejan una sonrisa permanente de principio a fin y las carcajadas se multiplican en un espectáculo tan reconfortante como terapéutico.